Escarbar la tierra con los dientes…

No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.

En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofes y hambrienta.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte a parte
a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte…

 

Escarbar la tierra con los dientes, comer piedras de manera literal, es algo que los animales llevan haciendo toda la vida para suplir carencias alimenticias. Las aves extraen de la arcilla el calcio y el sodio que no encuentran en insectos y las plantas, los lémures utilizan la tierra para procesar toxinas y digerir mejor, y los chimpancés comen arcilla rica en caolín, la misma que utilizan muchos curanderos para tratar casos de diarrea. Elefantes, corzuelas, iguanas e incluso mariposas encuentran sales y minerales en la tierra. Los humanos mordemos el polvo hace siglos, pero todavía no está claro si la geofagia es:

  • un tipo de neurosis. Eso creyeron de la raquítica Rebeca en Cien años de soledad aunque después la curaran con zumo de naranja y ruibardo, un vegetal rico en magnesio y fósforo.
  • uno de los múltiples saberes que los mal llamados ‘pueblos primitivos’ perderán en nombre de la ciencia moderna. El 45% de las mujeres en cinta al oeste de Kenia ingiere arcilla y muchas deducen su embarazo porque, de repente, al ver arcilla, sienten que se les hace “la boca agua”.
  • una hija del hambre, la desesperación. Muchos esclavos devoraban tierra para saciar el apetito y la ansiedad. Sus negreros, al verlo, les azotaban creyendo que eran intentos de suicidio.

Escribo estas líneas desde la urbe. Me pregunto cómo aquí, rodeada de cemento, acero y cristal, Rebeca gestionaría ese deseo, esa urgencia tan comprensible a veces de escarbar la tierra con los dientes.

[ Fotografía: en una aldea cerca de Lahore (Pakistán) ] [ Poema: un fragmento de la dolorosa e infinita elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández. ]
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5 Comments

  1. aingeru 21 mayo, 2015 at 11:06 - Reply

    Estamos donde estamos, pero eso no quiere decir, como dice Vicky, que no hay que dejar de escuchar a nuestro cuerpo

  2. Vicky 21 mayo, 2015 at 9:20 - Reply

    Nos hemos alejado tanto de nuestro medio natural que estamos perdiendo nuestros instintos básicos: confundimos el aburrimento o la sed con el hambre… comemos lo que nos dicen que tenemos que comer (o lo que podemos) en lugar de escucharnos para saber qué necesita nuestro cuerpo.

    Siempre recordaré que mi madre (procedente de un pueblo muy pequeño gallego) me contaba que cuando llegó a vivir a Barcelona siendo muy pequeña, lo primero que le sorprendió fue no encontrar ni una piedra por las calles. Pensó que los niños de ese lugar debían ser muy raros: si no tenian piedras, ¿con qué debían jugar?

Y tú ¿cómo lo ves?