No hay arte abstracto. Siempre hay que empezar por algo.
Después puedes eliminar todos los rastros de la realidad.

 

 
El hombre de la fotografía intenta comprender el paso del tiempo y la trascendencia de la ruina, busca la mirada espía que esconden siempre las ventanas o tal vez, sencillamente, se pregunta por qué alguien fotografía ese edificio de Guantánamo. Observamos tantas veces la realidad sin apenas comprenderla, intuyendo, deduciendo o aturdidos por vagos resplandores…

A pocos kilómetros de allí, en la base naval estadounidense, cientos de presos sufren todavía la concreción de un concepto tan abstracto como “limbo legal”. La prisión fue creada tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y la invasión y saqueo de Afganistán de la década posterior. Los gobiernos de Occidente, siempre tan moralistas, legitimaron con su apoyo o su silencio la cárcel y la guerra. Hoy, 14 años después, 122  personas permanecen en ese agujero negro que absorbió sus cuerpos, sus derechos y su dignidad. Sobreviven 22 horas al día, mínimo, en celdas de acero individuales sin ventanas al exterior. Un mundo, el de ahí fuera, del que sólo escuchan las órdenes de sus captores y alguna que otra canción. Un espacio, el de allí dentro, del que sólo podemos intuir soledad y tortura.

Me pregunto cuánto tiempo más, cuántos silencios cómplices seguiremos añadiendo al cuadro del mundo para eliminar cualquier rastro de justicia.

 

[ Cita: Pablo Picasso. ]

[ Fotografía: un hombre observa la decadencia en Guantánamo. Cuba,  2004. ]

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