Mucha gente dirá que sirve para recordarnos la aterradora realidad, la realidad vivida tras las abstracciones de la teoría política, las estadísticas de muertes y los boletines de noticias. Estas fotos continuarán explicando, están impresas en la negra cortina que corremos delante de lo que decidimos olvidar o nos negamos a saber. Según ellos,

[el fotógrafo] sería como un ojo que no pudiéramos cerrar. Y, sin embargo, ¿qué es lo que vemos a través de ellas?

 
Vertedero Camboya - Fotoperiodismo
 

Nos cogen por sorpresa. El adjetivo que mejor las califica es sorprendentes. Nos atrapan. (Sé que hay gente que las ignora, pero sobre esa gente no hay nada que decir.) Cuando las miramos, nos sumergimos en el momento del sufrimiento del otro. Nos inunda el pesimismo o la indignación. El pesimismo hace suyo algo del sufrimiento del otro sin un objetivo concreto. La indignación exige una acción. Intentamos salir del momento de la fotografía y emerger de nuevo en nuestras vidas. Y al hacerlo, el contraste es tal que el reanudarlas sin más nos parece una respuesta desesperadamente inadecuada a lo que acabamos de ver.

[…] momentos de agonía súbita: un terror, una herida, una muerte, un llanto de dolor. Estos momentos son, en realidad, totalmente discontinuos en relación con el tiempo normal. Es el conocimiento de que tales momentos  son probables, y la anticipación de los mismos, lo que hace que en la línea del frente el “tiempo” sea diferente a todas las demás experiencias temporales. La cámara que aísla un momento de agonía no lo hace con más violencia que la que entraña la experiencia aislada de ese momento. La palabra disparador, aplicada a un rifle o a una cámara, refleja una correspondencia que no acaba en lo puramente mecánico. La imagen tomada por la cámara es doblemente violenta, y ambas violencias refuerzan el mismo contraste: el contraste entre el momento fotografiado y todos los demás.


 [ Fotografía: en el verteder de Phnom Penh (Camboya). ] [ Palabras: fragmento de Mirar, un conjunto de ensayos del imprescindible John Berger. El texto divaga sobre las fotografías de Don McCullin (entrevistado recientemente aquí) pero sigue vigente a la hora de  reflexionar sobre la función del fotoperiodismo contemporáneo, sobre la utilidad de las fotografías que retratan el dolor ajeno. ].