Acá espero, tranquilo…

“El derrame me fregó el lado izquierdo y la vida se puso bien dura. Ya no puedo trabajar y acá vengo a esperar la caridad de mi gente. Gracias a Dios siempre hay alguien que me ayuda.
Que sea lo que Dios quiera, acá espero tranquilo”.

Retrato fotográfico - Nicaragua

José Augusto es hombre de hábitos. Y de fe. Todos los días repite el mismo ritual: se levanta, almuerza un poco y camina hasta la pista de tierra más cercana. Busca una sombrita, se sienta y espera.

Mientras charlábamos, pararon varios vehículos. Uno de sus conductores, me explicó:

“Debemos ayudarle, es un viejito de nuestra comunidad, no un bolo (alcohólico) que se lo tome (beba) todo”.

Esa frase sintetiza uno de los aspectos esenciales de la vida en las zonas donde nadie, ni gobierno ni entidades no gubernamentales, garantizan los derechos básicos. Ese es el puntal que sostiene las zonas rurales de países como Nicaragua: la familia o, en su defecto, las redes sociales, las latientes, no las virtuales.

Por eso tantos de los que pasan por allí le echan un cable. Porque saben quién es y qué le sucedió. Y porque estará ahí todos los días mientras viva y pueda caminar, bastón en mano, hasta ese mismo árbol…

[ Retrato fotográfico: José Augusto en el camino que une Jinotega con Mancotal (Nicaragua). La estremecedora asimetría de su peinado, su hombro y su camisa, que a la derecha de su rostro todo brote y la izquierda esté el vacío, es una de tantas cosas en la vida que sólo percibes a posteriori, si observas el tiempo suficiente, tranquilo… ]
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2016-10-12T16:32:04+00:00

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