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La prepotencia, como la ignorancia, no suele tener límites. El texto anónimo de la fotografía informa de que desde la “explosión del 15M” cada vez hay más cámaras en “muchos lugares de accion y protesta”. Sí, por si alguien no lo sabía, hay cámaras grabando y fotografiándolo todo, siempre y en todas partes (o casi todo, casi siempre y en casi cualquier lugar). Ante esta obviedad y el (aplastante y eficaz) miedo a ser identificad@s y detenid@s por actividades “comprometidas e ilegales”, proclaman que están “hartas ya de tolerar tantas cámaras en todas partes”. Y aquí es donde los extremos, como siempre, se acercan peligrosamente. Y aquí es donde empieza uno a inquietarse…

En una esquina del cuadrilátero tenemos a los antidisturbios, que ignoran de manera sistemática la normativa vigente (estatal y catalana) y nunca “llevan bien visible el número de identificación personal” (pero sí la bandera nacional, esa que no falte). A ellos también les incomoda que les graben. Por eso le quitan la cámara a un periodista en Barcelona y golpean en Madrid a un fotógrafo que estaba, a su vez, fotografiando un abuso (una especie de bucle ad infinitum, fotografiar agresiones – agresiones por fotografiar).

Lo de matar al mensajero no es nuevo. Y utilizar la fotografía como herramienta de identificación y control social, tampoco. Si a mediados de s.XIX presos y prostitutas protagonizaron los primeros retratos policiales, hoy los representantes simbólicos del poder acostumbran a grabar de manera intimidatoria, casi obscena (se puede filmar de muchos modos) a manifestantes de todo tipo:  ‘eh, tú, te estamos vigilando, sabemos quien eres’. Saben del poder de la imagen y cubren sus propios rostros, y también por eso impiden muchas veces el trabajo de las cámaras ajenas ‘reduciendo’ a los detenidos tras sus furgonetas o rodeando, controlando y ‘garantizando-la-seguridad’ (que no la libertad) de la prensa… En este tenso contexto cotidiano, tal vez no esté de más recordar el potencial revelador y documental de la fotografía, su impacto histórico en la opinión pública y los riesgos letales que todavía comporta en muchos países el periodismo (clásico o ciudadano)…

En la otra esquina del ring, una minoría que plantea eliminar (o reducir) la libertad de expresión y amenaza con “apartar las cámaras” como primera opción o, en su defecto, “taparse la cara”. Pues a taparse toca, me temo… Se puede no-tolerar que te fotografíen, se puede (se debería) no-tolerar la estrategia del miedo que están articulando. Pero, ¿cómo apartar todas las cámaras y todos los teléfonos de una ciudad? Es imposible, ilegal e inmoral. Además de peligroso. Muy peligroso. Si nadie graba abusos policiales, ¿cómo denunciarlos después? (sea cual sea el resultado, vean los jueces “indicios racionales” para una condena o estén ciegos…).

En cualquier caso, esa posición minoritaria no es tan ilegal e inmoral como la operación cazabrujas y criminalizadora del conseller Puig y su web “colaboración ciudadana, cuyo material gráfico proviene, cito textualmente, de “fuentes policiales y de fuentes públicas (medios de comunicación y redes sociales)”. La web, que ignora y/o vulnera el derecho a la intimidad y la propia imagen, el derecho a la libertad de información, el interés superior del menor y el secreto profesional (1234), sitúa a la misma altura (a lo far west, “se busca, persona muy peligrosa”) delitos de sangre o tráfico de seres humanos con quemar un contenedor de basura o mover una maceta. Me lo expliquen…

Y en la lona del ring, miles de manifestantes rodeados de personas encapuchadas y  armadasLos antidisturbios, protegidos de pies a cabeza y armados con porras, escudos, esposas, pistolas, escopetas con las que disparar gases lacrimógenos y balas de goma sin numeración, sin rastreo posible. Los policías de paisano (mal llamados secretas), armados con porras metálicas extensibles (e ilegales). Y una minoría de manifestantes ‘radicales‘ desarmados en general (una mano vacía o un spray no son armas -todavía-) y armados con mecheros, piedras, papeles, tijeras y algún que otro martillo rompecristales el día de la huelga general en Barcelona.

“La prensa* apunta, la poli dispara”, se coreaba el 3 de mayo en una manifestación. Y por un momento parece que la estrategia funciona y el miedo va calando. Miedo a ser grabado, miedo a ser delatado, miedo a ser detenido, miedo a ser disparado, miedo a ser golpeado, miedo a ser humillado…  Miedo, miedo, miedo, nos quieren con miedo… Por eso, ahora más que nunca,  es momento de vivir sin miedo.

Vamos a ver. Yo soy un fotógrafo subjetivo (como muchos) e indignado (como tantos). Pero no soy policía. Mis fotografías (como las de cualquiera) pueden ser utilizadas** por la policía sólo previa orden judicial. Orden fácilmente impugnable si esto implicara algún peligro para la obtención de nuevas imágenes, como es el caso. Así que aprovecho la libertad del ciberespacio para decirles:

… A los y las manifestantes que plantean el dilema apartar-cámaras/tapar-caras: manifestaos, protestad, criticad, proponed… motivos nos sobran. Y si en estos tiempos de cacerías McArthystas creéis adecuado cubriros la cara para proteger vuestra identidad, hacedlo.

… A los cuerpos antidisturbios (y los policías de paisano): trabajad por la seguridad ciudadana, respetad la ley y, por dios bendito, no os disfracéis más de ‘antisistema’. Algo más acorde con la ley y el orden, como un traje-chaqueta, ¿qué tal?.

… A ambos, una última cosa:  A mi y a mi cámara, dejadnos en paz.

 

* Sobre medios de comunicación, su tipología y sus esclavitudes hablamos otro día, que da para un rato largo…

** ¡Casi me olvido! A la gente de Creative Commons: para cuándo una nueva condición tipo ‘la explotación de la obra no permite la delación ciudadana? Posible nomeclatura: ¿nffss?



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