Dejamos algo atrás y, tiempo después, nos sentimos nostálgicos (o libres).
Cambiamos de lugar y creemos que, de forma automática, perderemos las raíces que durante mucho tiempo nos sostuvieron (o nos ahogaron).
Cuando el pasado lo impregna todo pero ya no existe como tal, cuando las geografías y las tradiciones se mezclan, lo nuevo crea o reproduce un versión distinta de lo viejo (y lo rescata, lo idolatra, lo banaliza o lo denigra…).
Tal vez todo esto suceda cuando la tradición persiste muy cerca, pero nunca es asumida totalmente como propia. Y tal vez fue así (o casualmente), como unos jóvenes de Prosperitat (un barrio-pueblo en el extrarradio de Barcelona), decidieron hace ya 10 años venerar a un nuevo santo, revisar con cierta ironía (casi blasfema) una procesión católica.
El mocho de una fregona sobre un palé sirvió en aquel momento para representar a un nuevo santo, un santo que representaba al barrio entero, también a las personas menos practicantes y las ateas… Faltaba un icono. Y a falta de referentes reales, admirables y accesibles, eligieron la Xibeca, el alcohol más barato, el ocio en la calle, el botellón que les aglutinaba. Simbólico, aunque pudo ser casualidad, que escogieran, entre los millones de objetos cotidianos posibles, uno que representa el (a veces necesario) hedonismo conformista, la fiesta y la evasión…
Digresiones a un lado, aquí van algunas fotografías del sermón, el descenso de San Xibeco de los cielos y el principio de la procesión por las calles del barrio. Después, hubo algunas paradas en los pasos (transformados en bares), música coral (rumba) y más alcohol (no consagrado)… Una fiesta pagana (y muy divertida).

“San Xibeco que estás en los bares
santificado sea tu nombre
hágase tu voluntad,
y déjanos tu ebriedad…”

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“No tenemos teología, ni hacemos apología…
Nuestro grito, un simple eco.
¡Eco, eco, eco! ¡Viva San Xibeco!”

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