“¡Hostias*, parece el Ku Klux Klan!”, exclamó un amigo al ver esta fotografía de la Semana Santa en Bercianos de Aliste (Zamora, España).

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Y sí, algún parecido visual tienen los nazarenos con los racistas estadounidenses… A saber:

. El color blanco, para unos símbolo de pureza espiritual, para otros alegoría de la pureza racial.
. El capirote, heredero estético del colocado (para humillar públicamente) a los herejes condenados a muerte por el Tribunal de la Santa Inquisición y del Santo Oficio, que unos utilizan para conectarse con la promesa de una vida eterna, con el cielo y, los otros, para transformarse en verdugos medievales, para convertir sus vidas en una cruzada racial, para conectarse con la muerte.
. La cruz, aunque unos la porten orgullosos y otros prefieran quemarla, ambos colectivos vertebran su ritual utilizando este símbolo del cristianismo.
. El anonimato, para confesar y redimir pecados con humildad unos, para cometerlos con impunidad los otros.
. Y las conexiones inequívocas, monosémicas: la voz mutilada y la mirada limitada, reducida y reduccionista del mundo a través de dos agujeros que podrían ser tanto los oculares de prismáticos como la mirilla de un francotirador.

………..

Por cierto, las hostias* de mi amigo podrían sustituirse por expresiones similares (y habituales en su vocabulario) tipo dios bendito, virgen santa, el escatológico me cago en dios o el sangrante por los clavos de Cristo. Todos relacionados con el cristianismo, religión aborrecida por mi amigo que, aquí está lo fascinante del caso, se declara ateo practicante.
Que un ateo blasfeme constituye una suerte de rebeldía o, según Manuel Delgado, una prueba irrefutable de “la ambivalencia casi esquizofrénica de las relaciones con lo sagrado en España, entre el insulto y la adulación, entre la ofensa y la veneración

[…] para garantizar que la distancia entre el cielo y la tierra nunca será excesiva, pero para que tampoco lo sea la proximidad”.
O, como aseguró Antonio Machado y desgrana J. M. González en La teología de Antonio Machado, “en una Facultad de Teología bien organizada es imprescindible -para los estudios del doctorado, naturalmente- una cátedra de Blasfemia, desempeñada, si fuera posible, por el mismo Demonio”. Y, si éste no pudiera, mi amigo serviría. Amén.

* Discúlpeme por adelantado queridísim@ lector/a, en ningún caso pretendo ofender los sentimientos de confesión religiosa alguna e incurrir en el delito de escarnio (artículo 424 del Código Penal). Es que mi amigo es así, qué vamos a hacerle, yo sólo reproduzco sus palabras que, por cierto, son más acto reflejo que reflexión consciente, grito que pensamiento.

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