[ Josef Ajram y su tatuaje "No sé dónde está el lÃmite, pero sé dónde no está". Aquà sus retratos fotográficos ]
Ultrafondistas como el de la fotografÃa buscan los lÃmites reventando su cuerpo a fuerza de nadar-correr-pedalear 19-950-250 kilómetros durante cinco agónicos dÃas.
El lÃmite a través de lo sensorial, de lo fÃsico, del cuerpo. Como escalar la cara norte de un ocho mil o bucear bajo el hielo. Como fotografiar a unos ultrafutboleros de ‘celebración’ o una carga policial. Como ayunar hasta que el cuerpo aguante y sentir cómo la ausencia de nutrientes altera tu percepción del mundo. Siempre intentando descubrir algo nuevo bajo el lema hoy-voy-a-intentar-llegar-un-poco-más-lejos-que-ayer.
Las sensaciones fÃsicas como lÃmite, la búsqueda en lo material, en lo cercano, recuerdos tatuados gracias a tu cuerpo.
Otras personas prefieren traspasar lÃmites viajando. La libertad absoluta y cotidiana de un viaje (no organizado), el anonimato, el dÃa a dÃa en el que sólo tú puedes-debes decidir dónde-cuándo-cómo-con-quién vas. El lÃmite geográfico y la frontera polÃtica  pierden todo su poder simbólico (si tu pasaporte te permite cruzarlas, obvio). Los lÃmites reales llegan cuando te enfrentas a la (adictiva) incertidumbre constante, a culturas complejas y distintas, al miedo a lo desconocido, cuando te obligas (para no abandonar o enloquecer) a relativizar las diferencias, a buscar el nexo de unión inherente a los seres humanos.
El viaje como lÃmite, la búsqueda en lo remoto, en lo geográfica y culturalmente alejado. La cartografÃa humana como lÃmite.
Hay quien busca el un-poco-más-allá mediante la mÃstica o la creación. Las toneladas de ‘yo’ que ignoramos siempre pueden servir para explorar territorios desconocidos, inquietantes (y dolorosos) o luminosos (y extáticos), y sin salir de casa. El universo puede expandirse meditando o escribiendo en el silencio y la oscuridad de una habitación minúscula.
El subconsciente como lÃmite, la búsqueda en el interior, tu ‘yo’ como destino, tus miedos y tus deseos, paisajes del viaje.
En cualquiera de estos supuestos, y en tantos otros, el complicadÃsimo reto está ahÃ. Tal vez se trate de caminar como un funambulista por la vida (brazos en cruz, mirada al frente) oscilando entre, en un extremo, la prepotencia (tan capitalista) del american way of life y su no-hay-nunca-lÃmites-y-todo-lo-que-desee-lo-puedo-poseer y, en el extremo opuesto, la castración de una existencia cuadriculada, la coherción constante (tan cristiana), el miedo a dar un paso fuera del camino socialmente alquitranado y cuidado-que-entonces-viene-el-lobo(o-dios)y-me-devorará(o-me-castigará).
[Entre el todo y la nada, como siempre, hay miles de puntos intermedios...]
Si ya eres (o has sido aunque sea una milésima de segundo) un/a triunfante equilibrista, disfrútalo, seguro que es maravilloso.
En ese caso, deberÃa advertirte: algunos siempre auguran la caÃda.
Otros, en cambio, creen que todo es posible.
………………..
[ Nota informativa: Hay muchas personas, cientos de millones de ellas, que no pueden disfrutar del lujo de elegir, personas que se rompen la espalda trabajando (y no corriendo-viajando-meditando-escribiendo) para que el umbral de la pobreza no las aplaste, para alcanzar rebasar aunque sólo sea un milÃmetro el lÃmite que les colocarÃa dentro del bienestar socio-económico-cultural. El umbral del lÃmite, el lÃmite del umbral...
La dignidad como lÃmite a alcanzar, la sanidad y la educación, el agua potable cuya ausencia o mala calidad mata a tres personas cada minuto, seis en los dos minutos que tardaste, mÃnimo, en leer este texto.]
………………..
Por cierto, ¿tú sabes dónde está el lÃmite?
…………………………………………
Sigue a ‘Un fotógrafo’ en facebook:
o compártelo como quieras: