El último baño del verano tiene algo de despedida, de pérdida, de funeral.
Ritualizarlo, acercándote desnudo a las olas de una playa que te ha visto nadar, soñar y llorar, es negociar el reencuentro.
Es buscar en el agua la fe que no encuentras en el aire cada dÃa más frÃo.
Es esperar paciente que, si el invierno no acaba con el mundo, el sol vuelva a su lugar en primavera…
[ fotografÃa: Ko Hin-Ngam, durante un viaje por Tailandia ]