Entre una fotografÃa y la siguiente, a veces, sólo transcurren unos segundos.
En esa fracción de tiempo (como si el tiempo se pudiera cortar a navajazos) puede suceder cualquier cosa.
Que el tipo que fuma a tu lado observe la luna y divague sobre las causalidades de la vida.
Que te observe a ti, y se pregunte qué carajo haces en un barco mercante fotografiando la luna de madrugada.
Que el tipo deje de fumar y lance el cigarrillo contra la noche…
… y que el viento se lo arranque de las manos, lo eleve y lo meza antes de hundirlo en el mar…
… y que la llama todavÃa viva de ese ya cadáver, minúscula, roja, intensa e invisible ante tus ojos, baile para el sensor de la cámara y quede grabada allà con precisión, tanta como el frÃo de aquellos dÃas en tu memoria.
Cualquier cosa.