“[...] si antes de cada acción, pudiésemos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, luego las imaginables, no llegarÃamos siquiera a movernos de donde el primer pensamiento nos hubiera hecho detenernos. Los buenos y los malos resultados de nuestros dichos y obras se van distribuyendo, se supone que de forma bastante equilibrada y uniforme, por todos los dÃas del futuro, incluyendo aquellos, infinitos, en los que ya no estaremos aquà para poder comprobarlo, para congratularnos o para pedir perdón, hay quien dice que eso es la inmortalidad de la que tanto se habla [...]“.
[ palabras: Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago ]
[ fotografÃa: suburbios de Nueva Delhi ]